_El Gobierno subestima a los bolivianos. Por ejemplo, se castiga con tributos a empresas establecidas que cumplen con sus obligaciones, mientras la normativa es ampliamente tolerante con los volúmenes de carga de contrabando que entran al país. Otra muestra: se plantea un tributo a los servicios digitales que se prevé cobrar a los usuarios (usted, yo, los que tenemos Netflix o Spotify) y no se toca a los cocaleros que tienen más de 30.000 hectáreas de cultivos por las que no pagan impuestos y encima son los bolivianos que más obras públicas reciben desde que el MAS está en el Gobierno. No hay coherencia. Una más, en la Aduana del aeropuerto de Viru Viru se inspecciona hasta el más pequeño objeto en las maletas de los viajeros y se les pretende cobrar por el ingreso al país; mientras tanto, por las amplias fronteras del norte, del sur, del este y del oeste entran camiones llenos de mercadería de contrabando. A ellos no se los controla.

_Se dispararon los contagios. Parece que estamos cada día más cerca de la cresta de la tercera ola. Casi 2.500 a escala nacional y más de 800 en el departamento fueron reportados el martes. Solo ayer fueron cremados 15 cadáveres y se enterró al menos a tres fallecidos por coronavirus. Pero aún hay quienes se sienten inmunes y siguen en fiestas o en espacios multitudinarios sin barbijo. Hay tanto dolor en la sociedad que es incomprensible que no se vincule eso que pasa con la propia vida. El grado de inconsciencia es tal que, a veces, ni habiendo perdido a un ser amado por la pandemia somos capaces de cambiar de actitud.